LA BELLEZA

Hay quienes buscan poder, otros dinero, algunos fama pero hay quienes se sostienen en el diario vivir por la belleza. Hay una fineza de espíritu que nada tiene que ver con condición social o edad o circunstancias y que en la belleza encuentra su motivador de vida.

Esta película pudo haber sido un retrato crudo de la realidad de México y de las dificultades de vida de dos seres marginados por la sociedad. Pero siempre sentí que ni Homero ni Mei verían así sus propias vidas. Que seguramente sintieron que no pertenecían más al mundo como lo habían conocido; que habían sido desplazados y rebasados por las circunstancias. Pero siempre estuve segura que en algún lugar dentro de ellos permanecía viva una fineza de espíritu que les llevaría a encontrar su camino porque para ellos la vida no pasa de largo ni está en otro lado, está dentro de ellos.

Creo firmemente que el mundo estaría mejor si tuviéramos todos un poco más de fineza en el alma y más belleza en la mirada.



LA CEGUERA

No fue fácil vivir casi tres años alrededor de la ceguera. No sé por qué desde niña jugaba que perdía la vista. Recorría mi casa con los ojos cerrados memorizando paredes, escalones, mi ropa en el clóset. Ensayaba a verter agua sin que desbordara un vaso. Entrenaba mis dedos jugando con granos de azúcar. Hasta la fecha no puedo ver un texto en Braille sin recorrerlo con mis dedos tratando de entender lo que el tacto me dice. Y curiosamente, me convertí en fotógrafa y al hacerlo privilegié la vista sobre otros sentidos.

Para escribir y preparar esta historia leí muchos libros sobre ciegos y de ciegos. Me di cuenta cuánto peso lleva el sentido de la vista en la sociedad contemporánea. Nuestro hablar diario está lleno de metáforas al respecto: hay que vernos el fin de semana; se ve muy guapa; vamos a ver su asunto; hay que mirar siempre hacia adelante; lo cegó la ira; el amor es ciego. “¿Cómo ve el precio”, le dice Nazario a Homero. “No veo, Nazario, pero me parece mucho dinero”, le responde Homero.

Un deportista con ceguera adquirida me dijo: desde que estoy ciego vivo más en paz. ¿Cuántas imágenes realmente vale la pena ver? Si pudiera escoger ¿cuál sería mi última imagen?



RODAR EN QUERÉTARO

Amo el desierto. La soledad. El silencio y los trenes. Hace veinte años fui por primera vez a Tequisquiapan a visitar a mi amiga de toda la vida. Quedé enamorada de la estación de trenes de Bernal y del desierto queretano. Por las tardes íbamos con nuestros hijos a esperar el paso del tren sólo para saludar al conductor. Como si fuera un amigo que partía. Mirando las vías de tren pensaba que es el único medio de transporte cuyo destino está claramente definido: no se puede variar la ruta. Llega uno a donde tiene uno que llegar y no a otra parte. ¿Es así la vida? ¿Realmente tiene uno opciones o está el destino de cada uno trazado?