Hablar de una película es muy difícil. La historia empieza siendo la de una persona y termina siendo la historia de muchos porque una película es también la historia de los actores, y de los productores, y del fotógrafo, y del editor, y del músico, y de la diseñadora de arte y del diseñador de sonido y de todos los que colaboran haciendo que la película sea esta película y no otra.
Cada uno resumiría la película de diferente manera. Para algunos es una película sobre los espíritus que saben sobrevivir. Para otros es sobre el destino, la casualidad o la mano de Dios. O sobre la importancia de aceptar quien uno es para enfrentar la vida. Es también una película sobre la luz y la ceguera. Sobre la esperanza. Sobre la vida.
Presentamos la anécdota general de la película. ¿De qué trata? Eso lo decidirá cada quien.

La última mirada

Un cuarto en el desierto mexicano. Una sábana blanca manchada de rojo. Un cuchillo debajo de una almohada. Alguien se aleja.

Un año antes

Homero, un reconocido pintor español residente en México descubre a los 48 años que ha heredado de su padre una extraña ceguera que se caracteriza por perder paulatinamente los tres colores de la luz: el rojo, el verde y el azul para finalmente quedar sumergido en una ceguera blanca.

Seguidor de un poema chino de destino titulado La nao de China, Homero entiende que el destino existe pero resiente el perder lo que ha dado sentido a su vida: el arte y la belleza. Al tratar de mantenerse conectado al mundo mientras su ceguera avanza, Homero adopta un perro callejero, frecuenta prostitutas y se enamora de Irma, una monja que lo ayuda a memorizar textos para fingir frente a su padre ciego que puede seguir leyendo.

De manera paralela, Mei, una joven de 17 años, llega a una vieja estación de tren donde se ha establecido un burdel de traileros llamado La nao de China. Antes de partir a Estados Unidos, su madre le ha conseguido trabajo como sirvienta en el burdel a cambio de hospedaje y comida para ella y sus abuelos. Mei se hace amiga de las prostitutas del burdel y se enamora de un joven dependiente en una ciudad cercana. Por las noches Mei cría palomillas para recrearlas como pequeñas obras de arte de tul y encaje que vende a cambio de un poco de efectivo.

Homero y Mei luchan por salir del destierro al que parecen haber sido condenados: uno en la ceguera y la otra en un prostíbulo mientras que sus vidas se tocan sin jamás cruzarse.

Cuando Homero está a punto de quedar completamente ciego, un chofer de taxi le ofrece llevarlo a un prostíbulo de chinas donde las mujeres son algo excepcional. Así, por casualidad o destino, Homero llega hasta La nao de China y las vidas de Mei y Homero acaban por encontrarse en una habitación en el desierto mexicano.